Bubu Romo, Viajes

El día que quitaron las llantitas a la vida

Así me sentí ese día, uno nunca está preparado para que le quiten las llantitas a la bici, mucho menos a la vida, uno se siente a la deriva y sólo espera la caída.

Hoy hace justo 5 años que mi jefa me enseñó la lección más cabrona de la vida: decir adiós a quien más quieres.

Platicaba con mi hermano, unas horas antes de que mi mamá muriera, que lo que más triste me ponía era el saber de toda la gente que se la iba a perder.    Así ha sido, 5 años después, pienso en lo feliz que sería y lo feliz que haría a la gente que me rodea el conocerla, como afortunadamente fue para quienes tuvimos el placer de quererla, porque era eso, un verdadero placer.

Es extraño como pasa el tiempo pero su recuerdo se intensifica y sigo haciendo cosas pensando “No mames, esto le hubiera encantado a mi mamá”.

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Este evento re-definió mis estándares de tristeza para siempre.  Justo ayer, un psicólogo con el que estoy teniendo algunas sesiones, me preguntaba si en los últimos meses me había sentido triste y como podría calificar esa tristeza, mi respuesta fue clara: me cuesta trabajo definir la tristeza desde que mi mamá se fue.

Un año después de que mi mamá muriera, me fui de viaje, estuve por la India, Thailandia, Cambodia, Malaysia y recuerdo que en ese viaje pensaba “cualquier cosa me puede pasar ahora, a nadie le importo más de lo que yo me importo a mi, porque la única persona a la que le importaba más que yo, ya no está”, no me malentiendan, no era un pensamiento suicida sino liberador, era un pensamiento en el cuál modificaba mi forma de vida, dejé de preocuparme por como sufrirían los demás con mi ausencia y fue el momento en el que más plenamente disfruté de mi libertad porque dejé de preocuparme por mi seguridad y empecé a preocuparme por la pura gozadera.

Hace algunos años, llamaba a esta época “El trimestre del terror” sentía que era el momento de mi vida en que pasaban peores cosas, básicamente era el trimestre del terror porque el 7 de abril había muerto mi mamá, el 10 de mayo era el día de la madre y el 7 de junio su cumpleaños, una tras otra.   Pero el año pasado cambió por completo mi visión de este trimestre, siento que me aliviané y me sirvió tremendamente, no sólo no fue un trimestre del terror, sino que fue maravilloso, entre muchas otras cosas, conocí a una mujer maravillosa con la que compartí grandes momentos y viví grandes cambios y motivaciones.  Pasé del trimestre del terror al trimestre de la maravillosidad y aunque este año no estamos juntos, siento que el trimestre del terror desapareció para siempre, este año me he decidido a volver a hacer de este trimestre el trimestre de la maravillosidad, porque es mejor recordar a mi jefa con la maravillosidad con la que me enseñó a vivir.

En fin, desearía que todos ustedes conocieran a mi mamá, que pudieran verla, cotorrearla, ir a su casa y salir con un regalo como los que ella solía dar, una pendejadita, pero no se puede y se chingan, así que la mejor forma que encuentro de que la conozcan es volver a ser como ella me enseñó a ser y que la conozcan a través de mi, con harto amor, felicidad, humor negro, dignidad, sentido común, honestidad, esfuerzo e ideales y olvidar para siempre el fatídico trimestre del terror que la neta, la neta, nunca debió existir.

Les dejo un video con la última canción que escuchamos juntos, me recuerdo junto a mi hermano, abrazándola en esa cama elevada por la enciclopedia Espasa-Calpe, escuchando por última vez esta rola que me pone la piel chinita cada vez que la escucho, que me hace gritar y bailar, buscando que siempre “el silencio se convierta en carnaval”.

 

Feliz día internacional de mi Lolita Linda.