Bubu Romo, introspección

La felicidad es una zanahoria

Las zanahorias baby no existen, son en realidad fabricadas, son el resultado de meter una zanahoria fea en un torno.  Si nos hicieran eso a nosotros, habría muchos enanos muy guapos”

Creo que la felicidad es como esa zanahoria que le ponen a las mulas para que caminen, son un objetivo eterno que las motiva a seguir caminando, de alguna manera podría decir que somos adictos a no ser felices, pero que la búsqueda de la felicidad es bastante motivadora y chingona como para que la vida no deje de ser increíble.

Hace unos días se murió Anthony Bourdain, para serles completamente honesto, no tenía idea de quien era, hasta ahora que leí un poco de él y me entero que comió en una fonda económica de Hanoi con Obama y se ve que lo pasaban bien, me doy cuenta de que quizás hubiera sido una buena idea saber de él antes.   Me llamó la atención sobre todo porque mucha gente escribía cosas como: “¿Cómo es posible que haciendo lo que todos quisiéramos hacer, viajando, comiendo y con un sueldo por ello, haya decidido terminar con su vida?” No funciona así, quizás hace unos años no lo hubiera entendido, pero hoy puedo decir con toda claridad que no podemos reducir toda la vida a juicios de ese tipo y no podemos obligar a alguien a que esté bien con lo que “está bien” para nosotros.    Y vi que se popularizó el tema de la depresión y la gente empezó a compartir muchas imágenes y frases al respecto, información importante y me pareció pertinente retomar el blog para hablar del tema.

Unos meses atrás, quizás poco más de un año, comencé a sentirme con algo que yo definí como “Pereza emocional” ( invento términos psicológicos que tengo esperanza de que algún día terminen en un libro especializado ) y es muy extraño, de verdad, sentir algo así, no tener ganas de exponerte a sentir cosas o evitar enfrentarte a subidones emocionales, preferir que no pasen cosas… sobre todo sentirlo cuando todo va bien y cuando la expectativa de la gente es que seas muy feliz y la cosa es que ser feliz, amigos míos, es una responsabilidad muy grande con la que a veces uno no puede.  Quienes me conocen desde hace tiempo, saben que soy una persona que se daba muy poco permiso para estar enojado o triste, buscaba siempre estar “chido” y desde que me dió esta pereza emocional, dejé de estar “chido”.

Estar deprimido es una cosa horrible, pero te da la oportunidad de entender mucho más de nuestro comportamiento. Normalmente cuando nos dicen que alguien “anda depre” lo asociamos con una tristeza que tiene que ver con una etapa en la vida en que algunos temas andan mal, que es un momento que se resuelve con una nueva pareja, un cambio de chamba o con una buena borrachera… Y no.  A raíz de que me pasó a mi, me di cuenta de que el verdadero peligro de la depresión es que tiene la capacidad de mandar a la chingada una etapa de la vida en que todo va bien, porque te hace dudar de ti, te hace dudar de lo que piensas y de lo que te gustaría hacer, te sugiere todo el tiempo que abandones y si no lo entiendes, abandonas, te maltratas y pierdes muchísimo.

Afortunadamente ( sé que es extraño escribirlo así ) a mi la depre me dió en el mejor momento de mi vida, cumpliendo el sueño de tener mi propio bar, un lugar dedicado a las risas, haciendo comedia en escenarios por todos lados, teniendo un amor increíble, después de bajar de peso y encontrarme mejor de salud que nunca, haciendo ejercicio y disfrutándolo como nunca, una vida de verdad que nunca me hubiera imaginado que iba a tener, ni en mis sueños de adolescencia, pero de pronto un día me di cuenta de que no me daban ganas de hacer nada, fue así, un día me desperté y no quería salir, quería evitar cualquier interacción social, ya no quería ejecutar los proyectos que unos meses atrás me habían emocionado y sacado infinidad de sonrisas, no quería tomar decisiones, sentía que estaba fracasando en todo y que lo que tenía estaba mal.  Gracias a que era consciente de que estaba en el mejor momento de mi vida, me di cuenta de que no era normal y que no se trataba de que estuviera siendo un malagradecido con la vida o de que no apreciara todo lo bueno que me pasaba, simplemente, había algo en mi cerebro que dejó de hacer la chispa que antes me mantenía tan optimista, entusiasta y emprendedor.

Y busqué ayuda.  Después de varias horas de charlas y terapia, me dieron unos antidepresivos ( yo jamás tomo medicinas, así que me sentí fatal cuando me los dieron, como que dije: “no mames que no puedo yo solito con esto” ) y sentí en un principio que me deprimía más tomar antidepresivos, hasta que entendí que está bien tener apoyo, que hay cosas de la química que no podemos controlar así nomás.

Pero para cuando entendí en que estaba metido y procesé lo que me estaba pasando, me di cuenta de que había alejado a mucha gente, porque pensaron que “andaba de mamón”, que como había bajado de peso y me estaban saliendo bien las cosas con el bar y la comedia y tenía una novia guapa, me había vuelto un creído insoportable y la realidad, es que me había vuelto insoportable para mi y no quería serlo con los demás.

La cosa que yo quiero decirles es que la depresión es un pedo real que no depende de que andes “tristón” y que no podemos reducir a un estado de ánimo, que no se cura con unas chelas o unos mezcales y una charla con los amigos que terminen diciéndote “échale ganas” ( aunque ayuda y se agradece ), la depresión escapa a nuestro control y te puede hacer no querer levantarte de la cama y destruir las cosas chidas que estás construyendo en tu vida, la depresión tiene formas de tratarse y es importante hacer consciencia sobre el tema y no hacer juicios simplistas respecto a la gente que la sufre.

Si conocen a alguien que parece que no tiene la capacidad de controlar su depresión, ayúdenle sugiriendo a un buen doctor y denle chance, déjenlo que se vuelva a encanchar, denle espacio, pero no se vayan.

 

Gracias por leer.