Bubu Romo, introspección, La Caja Popular, Stand Up Comedy

Ojetividad voluntaria

Pocas veces he hablado con gente fuera de la escena del standup, respecto a lo que sucede cuando varios de nosotros bajamos del escenario y hoy se me hizo un buen día para hablar de eso.

Hace unas horas, después del show, me llegó este mensaje:

Y a mi me daban muchas ganas de decirle ¡Claro que no!

Hoy abrí el show de Carlos Ballarta en La Caja, por varias razones me sentía más nervioso de lo normal; el show era en la tarde y no en la noche, tenía una increíble cruda de sueño y sentía un calor impresionante, siempre, 5 minutos antes del show, me entra un pensamiento tremendo que me hace desear que se cancele el show, que pase algo que lo posponga, no sé por que, amo el escenario y amo lo que sucede cuando subo, pero es inevitable que llegue a mi mente esa sensación.  Hoy, honestamente, deseaba que llegara alguien a abrir y yo tumbarme en el sillón del camerino, como siempre, no pasó y subí a tirar mis bromas.

En cuanto subí, el calor empezó a hacer de las suyas y yo empecé a sudar como cuando era muy gordo, temía que mi playera se llenara de manchas de sudor y me imaginaba a la gente notando y murmurando acerca de todo el sudor que brotaba de mi cabeza, además de eso, de pronto la cortina se entreabría y yo podía notar la luz potente del sol afuera de la caja, me sentía particularmente disperso, sabía que estaba acelerando el ritmo para poder acabar con mis distracciones y que atropellaba los aplausos y las risas para poder ir a secarme el sudor lo antes posible. Y acabé, presenté a Carlos y corrí al camerino.

Entré al camerino y me castigué un poco, pensando en los errores que noté durante los 20 minutos que estuve en el escenario y traté de procesar la frustración.

Al final del show me pidieron un par de fotos y me felicitaron algunas personas, de pronto llegó el mensaje en el que me agradecían por las risas que causé y entonces me puse a pensar en esto.

No conozco a ningún buen comediante que al bajar del escenario piense que fue un show al que no se le tiene que mover nada, muchos incluso toman notas y revisan sus grabaciones inmediatamente después de bajar y nuestra objetividad se vuelve bastante castigadora, las parejas o quienes nos acompañan y no pertenecen a la escena siempre dicen “Noooo, ¡Cómo crees! Todo mundo estaba cagado de la risa” y quienes si formamos parte de la escena participamos del castigo comunitario post show… uno piensa “Claro, pudo ser mejor” y somos tan ojetes que la objetividad se vuelve “Ojetividad”, como si todo el empoderamiento que nos dan las risas que causamos desde el escenario, tuviera que ser destrozado para bajarnos a la realidad a través de una serie de flagelaciones mentales auto infligidas.

Decía Jerry Seinfeld en Comedian que la gente siente que por comprar un par de tragos en un bar, tienen derecho a opinar acerca de nuestro trabajo como comediantes y que no es así, que somos nosotros quienes dictamos lo que es gracioso.  Este mismo pensamiento, me hizo llegar a una declaración de Steve Jobs en la que menospreciaba los estudios de mercado para el desarrollo de nuevos productos, insistiendo en que era Apple quien fabricaba lo que la gente iba a desear y no era la gente quien le decía a Apple qué producto fabricar.  Seguramente si hace 20 años nos hubieran preguntado a la mayoría de nosotros lo que esperaríamos de un teléfono, sería una versión bastante mediocre de nuestros smartphones, así que muchas de las veces, cuando llega un comentario felicitándonos por un show que nosotros sabemos que tuvo errores, pensamos “esa persona no sabe de lo que está hablando”.

Preparémonos, entendamos nuestra comedia, seamos críticos, seamos tan ojetes con nosotros como con los demás y démosle al que tiene ganas de reírse lo que se merece y no lo que nos pide.

Entonces, amigo comediante: si te bajas de los shows pensando que la rompiste como siempre, es un buen momento para evaluarlo.